Lavar a mano y secar bien. No va al lavavajillas, y es a propósito: el calor y el detergente fuerte abren la veta y le sacan el aceite.
No dejarlo en remojo. La madera se hincha y después se marca. Un enjuague rápido y un repasador alcanzan.
Aceitar cada tanto. Una mano de aceite o cera natural le devuelve el color y lo vuelve a proteger. Cuanto más se usa, más vale la pena.